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A 34 años del terremoto del 19 de septiembre de 1985


Más Conciencia Colectiva y
Organización Ciudadana



*El sismo nos hizo duros pero solidarios y hermanos
*Toda mi vida cambió en tan sólo dos minutos
*Como si cayeran 30 bombas atómicas sobre la ciudad
*El 19 de septiembre de 2017, fue diez veces más débil
*El Sistema de Alerta Sísmico en el Océano Pacífico
*90% de sismos y temblores, en el “Cinturón de Fuego”



El pueblo, pueblo. Con uñas y dientes.
Por: Benedicto JIMÉNEZ ORTEGÓN
(Corresponsal)    
Ciudad de México, 02 de septiembre de 2019. El próximo 19 de septiembre, se habrán cumplido 34 años del sismo que estremeció a la Ciudad de México en 1985 y que dio lugar a la generación de una elevada conciencia colectiva y organización ciudadana e institucional para la prevención de desastres naturales que, pese a todo, hoy sirve de ejemplo a la comunidad internacional.
“Yo estaba dormido, había estado estudiando toda la noche y me preparaba para un examen. Tenía que irme para estar en la escuela a la 1 de la tarde, quise quedarme en la cama, pero no pude”.
“El techo empezó a temblar y las lámparas cayeron al suelo. Brinqué, no sé cómo corrí a la cocina… mi mamá ya se había ido al trabajo… nunca más la volví a ver… de las siete con 17 a las 7 con 19 minutos… sólo duró dos minutos y en ese tiempo toda mi vida cambio”, comenta José Ramos, hoy ingeniero civil quien reconoce que el sismo “nos hizo duros pero solidarios y hermanos…”.
DOS MINUTOS Y TODO CAMBIÓ
De acuerdo con diversas fuentes periodísticas, el 19 de septiembre de 1985 parecía un día como cualquier otro para la mayoría de los capitalinos, sin embargo, la calma fue interrumpida a las 7 horas con 17 minutos y en los dos minutos siguientes, a las 7 horas con 19 minutos, toda la ciudad y la vida de las gentes se transformó.
El terremoto de 8.1 grados en la escala de Ritcher hizo acto de presencia dejando muerte y destrucción a su paso, junto con ello a una sociedad que del azoro y el dolor pasó a la acción, a la organización y a la defensa de sus derechos.
El reporte del Servicio Sismológico Nacional, al hacer la evaluación de daños, reportó la muerte de unas 40 mil personas y más de 4 mil heridos que fueron rescatados de entre los escombros; 30 mil viviendas destruidas y 68 mil dañadas además de 400 edificios colapsados y la suspensión de la energía eléctrica para 1 millón 200 mil.
Un total de 30 mil estructuras presentaron daños totales y 68 mil parciales.

COMO 30 BOMBAS ATÓMICAS
SOBRE LA CIUDAD DE MÉXICO
De la misma manera se reportaron daños severos en los servicios de energía eléctrica, agua potable, alcantarillado y sistemas de comunicaciones como teléfonos, telégrafos, correos y televisión.
El epicentro se registró en el Océano Pacífico, cerca del Río Balsas, en la costa de Michoacán a unos 15 kilómetros de profundidad.
El mismo Servicio Nacional de Sismología, reveló que la energía liberada por el epicentro, fue el equivalente a 30 bombas atómicas como la que destruyó la ciudad de Hiroshima, un 9 de agosto de 1945.
32 AÑOS DESPUES, 10 VECES MÁS DÉBIL
El 19 de septiembre de 2017, 32 años después, los mexiquenses se encontraban recordando a las víctimas de la tragedia, otros participaban de un simulacro sísmico organizados por las autoridades y asociaciones no gubernamentales, cuando la imaginación dio un salto a la realidad.
Eran las 13 horas con 14 minutos, y un nuevo temblor, de 7.1 grados en escala de Richter estremeció la capital del país dejando una nueva secuela de muerte y destrucción.

Esta vez el temblor fue 10 veces más débil que el primero, dio a conocer el entonces secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong al hacer un recuento de daños:
Murieron un total de 369 personas distribuidas entre las cinco entidades de la República donde se replicó el sismo en diferentes días y horas.
228 en la Ciudad de México, 74 en Morelos; 45 en Puebla, 15 en el Estado de México y 6 en Guerrero además de 1 persona en Oaxaca. También se reportaron más de 100 personas desaparecidas.
Según el Servicio Sismológico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), durante 2017 en México se registraron un total de 12 réplicas en todo el país de 5.1 grados de Richter.
TAMBIÉN EN FEBRERO Y
SEPTIEMBRE DE 2017
Antes, el 7 de septiembre de 2017, también se había presentado otro terremoto que dejó 98 muertes en el sur de México, de los cuales 78 ocurrieron en Oaxaca, 16 en Chiapas y 4 en Tabasco.
El epicentro de todos ellos igualmente se localizó en las costas de Michoacán.
Antes, el 1 de febrero de 2019 otro sismo magnitud de 6.5 grados en escala de Richter se registró en Ciudad Hidalgo, ubicada en la frontera sur entre México y Guatemala y pudo percibirse, aunque ligeramente en la Ciudad de México, unos 900 kilómetros de distancia. Éste ocurrió a las 10 horas con 14 minutos y no reportó víctimas fatales.
SISTEMA DE ALERTA SÍSMICO
PARA DETECTAR TEMBLORES
Además de una gran cantidad de instituciones y sobre todo de organizaciones ciudadanas surgidas a raíz del sismo del 19 de septiembre de 1985 para hacer frente a las emergencias derivadas de desastres naturales, científicos mexicanos crearon en 1991 el Sistema de Alerta Sísmica, el cual permite vigilar los movimientos telúricos que ocurren en el océano Pacífico para de esa manera poder anticiparse y prevenir cualquier situación de riesgo.
Un artículo publicado por la revista BBC, señala que, considerando la cercanía con la capital del país y por el hecho de que en esa región no se ha registrado desde 1911 un sismo mayor a 7.5 grados escala de Richter, los especialistas establecieron el sistema de vigilancia en el Océano Pacífico, frente a las costas de Guerrero.
Este consiste en una red de sensores que detectan las ondas sísmicas superficiales que son mayores a la magnitud de 5 grados en escala de Richter, consideradas de mayor peligro para las zonas urbanas.
Ese sistema de vigilancia, permite alertar del movimiento 50 segundos antes que se presente en Ciudad de México.
A partir de 2003, la red se amplió para vigilar los movimientos del subsuelo desde otros estados ribereños al océano Pacífico.
La decisión de concentrar el Sistema de Alerta Sísmica, como se conoce, en la región oeste del país es por la actividad constante de las placas tectónicas que se encuentran en esa zona del planeta.
EL CINTURÓN DE FUEGO DEL PACÍFICO

En esta región ocurre el 90% de los sismos del mundo.
El Cinturón del Fuego del Pacífico, conocido también como Anillo de Fuego, abarca un área de 40 mil kilómetros y en él se sitúan la mayor cantidad de volcanes de todo el mundo.
A su lado Oeste se ubican Argentina, Bolivia, Canadá, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Panamá.
Luego se dobla a la altura de las Islas Aleutianas, en el norte del océano Pacífico, entre Alaska y la península de Kamchatka. Incluye además la costa y las islas de Rusia, Japón, Taiwán, Filipinas, Indonesia, Malasia, Timor Oriental, Brunéi, Singapur, Papúa Nueva Guinea, Islas Salomón, Tonga, Samoa, Tuvalu y Nueva Zelanda.
90% DE SISMOS Y TEMBLORES OCURREN AHÍ
Según información publicada por BBC Mundo, “en el Cinturón de Fuego del Pacífico tienen lugar el 90% de todos los sismos del mundo y el 80% de los terremotos más grandes”.
El presidente ejecutivo del Instituto Geofísico de Perú (IGP), Hernando Taveras, entrevistado por ese medio de información, explicó que “el lecho del océano Pacífico reposa sobre varias placas tectónicas” y “el hecho de que la actividad sísmica sea intensa en el Anillo de Fuego se debe a la convergencia de estas y su fricción, lo que hace que se acumule tensión a liberar”.
Precisa que la actividad en el Cinturón de Fuego es resultado de la llamada tectónica de placas, el movimiento y la colisión de las capas de la corteza terrestre que dan origen a los terremotos. Pueden, incluso, generar la actividad volcánica.
Hugo Delgado, director del Centro Nacional de Prevención de Desastres de México, explicó a la revista, que un terremoto actúa sobre un volcán como cuando se agita una botella de agua mineral.
“Un movimiento mecánico puede hacer que se acumule el gas en la superficie de la botella. Esto incrementa la presión y hace que el agua salga a chorros. Algo similar ocurre en el volcán, que tiene un alto contenido de gas”, dice.
De acuerdo con el especialista, solo sismos potentes, superiores a una magnitud 9, podrían tener un impacto de gran relevancia en los volcanes cercanos.
Un terremoto de este tipo, asegura, puede incluso provocar la reactivación de volcanes dormidos desde hace siglos, que los que estén activos se intensifiquen o que, incluso, disminuyan repentinamente su actividad.
Es tan fuerte el impacto de las ondas sísmicas de estos terremotos de gran magnitud que no solo pueden provocar una erupción, sino que pueden hacer que el volcán pierda su actividad”.
 
 
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