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Pero nadie mete las manos



Docencia: Profesión de
Alto Riesgo en Sinaloa



*Proliferan los problemas
*A merced de la delincuencia
*La amenaza garantiza un diez
*“Mejor así déjalo”, el consejo


Por: Alejandro LUNA
En el imaginario social, el maestro representa el deber ser. El transmisor y reproductor de lo mejor de la sociedad: el conocimiento, la ciencia, la cultura, los valores éticos y, por tanto, lo más alejado de la maldad. Junto con los curas, los maestros representan lo más alejado de la violencia y el delito.

Sin embargo, sin demérito de su función sustancial, en la práctica la profesión enfrenta una gran diversidad de problemas que la han convertido en una profesión de alto riesgo. Y no sólo por la sobrecarga y multiplicidad de tareas que el sistema educativo le ha impuesto poniendo el grave riesgo su salud física y mental, sino por los problemas de seguridad física que debe enfrentar cotidianamente y a los que está expuesto.

Durante los años 70s el maestro se vio amenazado por el flagelo del narcotráfico. Cuando el narcotráfico se enseñoreó en la sierra de Sinaloa, sobre todo donde el ejército no lograba tener el control, los maestros eran vistos como un peligro, ya que no solo tenían que hablar de lo bueno y lo malo con sus alumnos y tratar de alejarlos del delito, sino que representaban potenciales agentes del gobierno en su lucha contra el narco.

Para asegurarse de que no eran enemigos, los narcos se dedicaron a intentar coptar a los maestros y a involucrarlos en el negocio. Los que no cedían a la tentación por la entereza de sus convicciones, vivían bajo amenaza permanente, además de enfrentar los riesgos derivados del traslado cotidiano por los caminos de la sierra sin ninguna medida de seguridad.

A LA BUENA DE DIOS
No obstante, los riesgos por la inseguridad de los maestros en la región serrana, sin dejar de existir, son ahora marginales. Los maestros enfrenten muchos más problemas de inseguridad en las zonas urbanas, y no solo los que pudieran estar involucrados en cuestiones ilícitas, sino que todos los maestros están en riesgo por el solo hecho de ejercer su profesión.

Y ya no es el caso de un vidrio roto o la ponchadura de una llanta de su carro, como ocurría en los años 80s y 90s. Ahora es la amenaza directa contra su vida por el solo hecho de poner una baja calificación o suspender a un alumno por una falta grave. Cuántos directores hay que han tenido que dar altas de alumnos persuadidos con el cañón de una pistola apuntándole a la cabeza; o que tienen que tolerar sin reportar las faltas recurrentes de sus empleados por los vínculos de éstos con la delincuencia organizada. El hecho de que no se presente denuncia judicial o pública no implica que no suceda.

El problema es que no hay mecanismos de protección del magisterio frente a los embates de la delincuencia. Es decir, no solo tienen que enfrentar los embates de la reforma educativa, sino que todos los días tienen que salir a exponer su vida por el solo hecho de ejercer su profesión. Por llamar la atención a un alumno (no hay que olvidar que los hijos de los delincuentes también van a la escuela); por imponer una sanción por una falta grave cometida; por aplicar la normatividad establecida por la propia SEP.

El maestro debe terminar por aceptar los caprichos de la delincuencia aun en contra de todo lo que cree porque no existen mecanismos reales de protección del ejercicio de la profesión docente.

UN DIEZ BAJO AMENAZA
Hace algún tiempo, en una reunión académica de los miércoles, el secretario académico de la Universidad Pedagógica expuso muy puntalmente el mecanismo de acreditación de los alumnos exigiendo que los maestros fueran muy estrictos en su cumplimiento, pero durante la semana se supo que el director había sido amenazado en sus oficinas por el novio de una alumna que había sacado una baja calificación, exigiéndole 10.

El incidente creó mucha expectación entre el personal en la siguiente reunión académica de los miércoles esperando las medidas de protección y prevención de ese tipo de incidentes (se especulaba que se crearía un consejo de seguridad interna), pero luego de explicar el hecho el secretario académico espetó: “que no les tiemble la mano para ponerle 10 a quien los amenace, porque no vale la pena exponer la vida por una calificación”.

El discurso “Chimoltrúfico” (como dijo una cosa dijo otra) que luego se volvería famoso, dejó estupefactos a los maestros. No habría tal consejo de seguridad. Los docentes estaban solos. Había que premiar el delito y poner 10 a los peores alumnos “pero sólo si los amenazan”.



LOS DOCENTES, DESPROTEGIDOS
¿Qué calidad de la educación se puede garantizar cuando los peores alumnos, mediante amenazas veladas o abiertas, respaldados por amigos o familiares involucrados en la delincuencia exigen y obtienen las mejores calificaciones? Si se considera solo los casos que se denuncian, el problema sería marginal, sin embargo, es mucho más grave y cotidiano de lo que se cree, pero se carece de mecanismos siquiera para diagnosticarlo.

Los problemas de violencia registrados contra maestros recientemente son solo un indicador de la agudización del problema que empieza a hacer crisis. Y aunque en un principio la tendencia es a descalificar al maestro suponiendo que fue víctima de delito porque estaba involucrado en actividades ilícitas, lo cierto es que cada vez hay más casos de atentados contra maestros por el solo hecho de cumplir con las actividades inherentes a su profesión y el cumplimiento de su responsabilidad institucional.

La docencia en Sinaloa ser ha convertido en una profesión de alto riesgo. El consejo de las autoridades educativas de primer contacto, que en la mayoría de los casos son las únicas instancias que se enteran de los incidentes, es que “no te metas en problemas”, “mejor así déjalo”, mientras que el sindicato solo voltea a ver el problema cuando la información trasciende a los medios de comunicación (desafortunadamente sólo en casos fatales) y su intervención se limita a una declaración de prensa o un desplegado condenando los hechos.

¿Si los maestros son los responsables de transmitir lo mejor de la sociedad a las nuevas generaciones, la cultura, los valores, la ciencia y la sabiduría, simplemente deben hacerse a un lado ante los embates de la degradación, la corrupción y la amenaza y dejar que la delincuencia se imponga y que imponga su modelo de sociedad aún en el sector educativo?
 
 
 
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