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Desencuentros


*El atraco a México
Por: Rosa María RÍOS ACOSTA
Desencuentro es un “encuentro fallido o decepcionante”; el término también se aplica a los desacuerdos, discordia, ausencia de coincidencias, define la Real Academia de la Lengua Española.

Hecha la precisión por una fuente autorizada, es posible afirmar que los desencuentros están a la orden del día en todos lados; entre particulares, partidos políticos, organizaciones sociales, entre quienes gobiernan naciones, al interior de los gabinetes y entre gobiernos y gobernados, entre otros.

El desencuentro como es evidente, a menudo se traduce en conflictos de la más variada índole. Desde los que derivan en enfrentamiento verbal, a golpes o armados en el ámbito particular, hasta las guerras entre países.

Migrantes hondureños llegan a México en su tránsito a EU.

DESENCUENTROS
En Estados Unidos, su presidente Donald Trump, insiste en blindar las fronteras con México  para cerrar el paso de los migrantes de Centroamérica que cruzan por nuestro país. Mientras, sigue buscando afanosamente recursos para la construcción del muro cuyo costo insiste endilgar a las mexicanas y los mexicanos.

La relación entre México y Estados Unidos, ha sido de desencuentros, en la más amplia ascepción de la palabra. Es la misma historia de infamias y despojos que, aunque con sus particularidades, han tenido que vivir los pueblos de América Latina todos.

Es la historia entre un gobierno de bandidos movidos por la ambición y un país debilitado tras la colonización que terminó con la guerra de Independencia de la corona Española.

En su artículo “La herencia mexicana en el Sudoeste Norteamericano”, publicada en el periódico La Prensa de San Diego, el 26 de marzo de 1999, el historiador Jacob Hornberger narra que en el marco de la guerra México-Estados Unidos, en 1936 fue hecho prisionero el presidente Antonio López de Santa Anna, quien firmó bajo presión la cesión de más del 50% del territorio nacional.

Posteriormente, México rechazó reconocer el acuerdo argumentando la condición de prisionero del presidente durante la firma.

Al continuar las escaramuzas, “en abril de 1846, soldados mexicanos atacan un pequeño destacamento de tropas norteamericanas al otro lado del río en Matamoros, México, que todos los días lanzan pullas a los mexicanos alzando la bandera estadounidense al sonido del pífano y tambor. Polk informa al Congreso que México ha atacado a soldados norteamericanos. El Congreso declara la guerra, y comienza la guerra con México”, cita Hornberger.

EL ATRACO A MÉXICO
Al perder México la guerra, el 2 de febrero de 1848, firmó el Tratado de Guadalupe Hidalgo, cínicamente denominado por los senadores estadounidenses: “Tratado de Amistad, Límites y Arreglo Definitivo entre Estados Unidos y México”, cita el historiador.

Mediante el mismo, se “legalizó” la cesión del territorio hecha en 1936 por Santa Anna, siendo prisionero.

Así, México “cedió” a Estados Unidos o más bien le robaron, los estados de Texas, California, Nevada, Utah, Nuevo México, Arizona, Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma, que constituían más de la mitad del territorio nacional.

A cambio, Estados Unidos pagó 15 millones de pesos como “indemnización por daños ocasionados durante la guerra”.

La misma historia aunque con otros referentes, la han vivido el resto de los países de América Latina y Venezuela no escapa a la situación.

AHORA CONTRA VENEZUELA
En el caso de Venezuela, el aludido Trump, que igual que sus antecesores se erige en el  gendarme del mundo, arrecia la embestida y amenaza con invadirla, “liberar al pueblo de la esclavitud”, dice él, al ejercer todo tipo de presiones para que el presidente Nicolás Maduro renuncie al cargo.


Se trata de que deje libre el camino a Juan Guaidó, apoyado por Trump, como “presidente interino”, para que éste convoque a nuevas elecciones conforme a la visión del estadounidense.

Mientras, se mantiene la embestida mediática en contra del pueblo y el gobierno constitucional encabezado por Maduro.

Trump, el gendarme, anuncia con bombo y platillo la suma de varios países de la Unión Europea a su propósito “libertador”.

En la historia de la humanidad, el motor de los gobiernos imperialistas, ha sido la ambición y los deseos expansionistas que han desembocado en guerras de rapiña. Nunca el interés por la liberación de los pueblos.

De su lado están los señores de la guerra, especialistas en inventar conflictos donde sea necesario. El negocio de las armas deja pingües ganancias. Amlo dice que los políticos, refiriéndose a los que no están dentro de su grupo, “no tienen llenadera”. Cabe agregar que los señores de la guerra, principales soportes del imperialismo, tampoco.

Así lo han hecho en Medio Oriente, Irak da cuenta de ello y América Latina no ha sido la escepción en materia de despojos e imposición de gobiernos títeres.


Andrés Manuel López Obrador. El riesgo de que se reediten
las prácticas de gobiernos priístas, en las políticas de comunicación social.

DE “FIFÍS” Y “CHAYOTEROS”
El presidente Andrés Manuel López Obrador, insiste en descalificar y acusar de “fifís” y “chayoteros” a periodistas que lo critican. Seguro tiene una muy particular visión de lo que debe ser un buen comunicador.
Flaco favor se hace a la lucha por el cambio cuando se cree que el buen periodista debe coincidir y estar supeditado al interés de los grupos en el poder, en este caso de Morena, y aplaudir todo lo que hagan  y digan.

Peor aún si a nombre de la Cuarta Transformación, se reeditan los viejos esquemas tan criticados a los gobiernos del PRI, de usar el presupuesto de la publicidad oficial para premiar o castigar las líneas editoriales de los medios de comunicación de masas.

El nuevo gobierno inició hace apenas dos meses; hay tiempo para rectificar y reconocer en la libertad de prensa y el derecho a la información del pueblo, una herramienta esencial para formar opinión pública crítica, capaz de contribuir en los cambios que México necesita.


El robo de combustible, otro riesgo de seguridad pública.

MÁS DESCOMPOSICIÓN
El combate al robo de combustible emprendido por el gobierno de la República, ha dejado al descubierto redes de corrupción que deben ser investigadas y castigados los responsables.

Pone también en cuestión la descomposición social, la ausencia de formación cívica y política, cuando la ciudadanía acude al llamado de delincuentes y ladrones, a cambio de las migajas del robo a la nación.

Grave riesgo para la estabilidad del Estado, cuando la delincuencia organizada, en complicidad con funcionarios de Pemex y políticos de anteriores administraciones, encontró en el robo y comercialización del combustible, una nueva opción de negocio ilegal,  pero bastante remunerativa.

La eliminación del problema no se ve para nada fácil y los riesgos son graves para el gobierno que inicia.
 
 
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