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Barricada
El círculo del miedo

Por: Rosa María RÍOS ACOSTA
En febrero pasado, la periodista Blanche Petrich, publicó una entrevista con María Elena Ríos Ortiz, víctima de quemaduras con ácido que destruyeron gran parte de su cuerpo y rostro y que le fueron propiciadas, según las autoridades de justicia de Oaxaca, por parte de su ex pareja sentimental, el político y empresario Juan Antonio Vera Carrizal, actualmente prófugo de la justicia por estos hechos.
En el escrito difundido por el periódico La Jornada, la joven hizo una relatoría desgarradora de lo que fue su vida al lado del agresor y la forma en que éste intentó destruirla por completo al concluir la relación, pues según las autoridades, Vera Carrizal pagó 30 mil pesos a dos de sus empleados, para que bañaran con ácido a la joven, que el pasado 18 de febrero cumplió 27 años de edad.
“Esto que vivimos las mujeres en México, es un retroceso en la humanidad. Una falla en la evolución”, afirmó María Elena, conocida como saxofonista en su ciudad natal.
EL CÍRCULO DEL MIEDO
De entre las muchas expresiones hechas por María Elena sobre el odio feminicida, vale la pena resaltar la referente al “círculo del miedo”, estrategia reconocida por especialistas como herramienta de los violentos para aislar, encajonar y someter a sus víctimas.
“Hay personas que se atreven a criticarme y dicen que si me trataba mal por qué no lo dejaba. Pero una persona violenta como él es capaz de envolverla a una en un círculo de miedo. Yo estaba aterrada, entonces le hablaba bonito para que no me agrediera, para tenerlo contento, porque si no, me golpeaba, me empujaba”.
Durante varios recorridos realizados por los albergues para mujeres maltratadas en Culiacán, cuando éstos existían, porque las políticas gubernamentales de hoy los han cancelado,  escuché a muchas mujeres hablar de las múltiples facetas y expresiones que tiene el “círculo del miedo”, todas crueles y aterradoras.
Todas dirigidas a socavar a las víctimas comenzando por la crítica reiterada que destruye la autoestima,  aislándolas a la vez de amistades y familiares.
INICIA EL CÍRCULO
Un relato de “Ernestina”:
Llegó como a las tres de la tarde, venía del trabajo. Alcanzó a ver que yo acababa de llegar del abarrote, fui a comprar tortillas y estaba cerrando la puerta. Se me quedó viendo a las piernas.
¿Con esa falda saliste a la calle… todos te vieron verdad?, para eso saliste. ¿Qué te dijeron?
Replegada en su miedo, sólo alcanzó a ver el puño cerrado del hombre enfurecido pasando a un lado de su cara para estrellarse contra la pared una y otra vez, hasta que la sangre brotó de los nudillos de las manos.
Pensé que me rompería la cara pero no. Me dijo:
Te quiero tanto que prefiero lastimarme yo, antes que golpearte a tí.
SIGUIENTE FASE: EL AISLAMIENTO

Pasaron los años. Para tener contento a su marido, Ernestina se convirtió en la ausente de las reuniones familiares y amistosas. Se encerró.
Permanentemente acusada de tonta y prostituta por Mario, aislada del mundo como estaba, éste se convirtió en el “único bueno”.
“Me decía que no podía confiar en nadie, que todos y todas querían aprovecharse de mí y si lo contradecía me llenaba de insultos. Me decía que los defendía porque yo era igual que todos ellos…”, y la sesión de agresividad duraba días y a veces semanas, de modo que “para llevar la fiesta en paz”, había que darle la razón en todo, expresó Ernestina.
Según la advertencia del marido, si sus amigos eran hombres, no eran confiables porque la podían seducir; si eran mujeres, peor aún, todas eran unas prostitutas, encubiertas al menos.
De modo que Él era el único ser en este mundo en quien ella podía confiar. Además andaba armado, era agente de la policía. Igual podía protegerla que “corregirla”.
EL ANIQUILAMIENTO
Con esa vivencia “Ernestina” llegó a uno de los albergues para mujeres maltratadas que había, porque ya los cerraron, en Culiacán. Además de la autoestima a su más bajo nivel, convencida de que era un despojo de lo que un día había sido, llevaba el brazo derecho destrozado y la nariz rota por la última golpiza.
El número de emergencia de Mexicali, Baja California, acudió a su rescate tras haber recibido la llamada de una hermana, que reportó que tenía más de una semana encerrada bajo llave en su casa, que pudo verla a través de la reja, y que, para eso, había tenido que brincar la cerca del patio, pues la joven no respondía siquiera el teléfono celular. Tenía tan hinchada la boca y las quijadas que no podía hablar.
El marido había salido de viaje y le había prohibido salir o recibir visitas.
¿POR QUÉ?
El Instituto de las Mujeres de aquella ciudad consideró que había que protegerla y enviarla a otra zona del país.
Así, en Culiacán inició su recuperación la joven madre que a punto estuvo de ser asesinada.
Casos como el de María Elena y Ernestina son un fenómeno recurrente.
¿Por qué? ¿Qué hace posible la reproducción de violentos, dispuestos a humillar, socavar y reducir a cenizas a sus mujeres? ¿De dónde nació su odio?
¿Cómo fue que aprendieron a violentarlas? ¿Les enseñaron sus padres, sus amigos, los medios de comunicación?
En un momento de su vida también fueron niños y vulnerables, ¿Fue entonces que los maltrataron, los abandonaron, fueron abusados? ¿Qué les pasó?
En el caso de las mujeres, ¿Cómo aprendieron a soportar la ignominia? ¿Qué las condujo a tan horrible callejón que a veces cuesta la vida?
¿Y los gobiernos? ¿Son acaso inocentes los gobiernos? ¿Tontos, ineptos, impotentes que no pueden hacer nada?
 
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