5-r - Vértice de Sinaloa


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Gloria García de Gómez,
las Alas de la Luna
*El hombre que bajó del cielo
*En el surco a los ocho años
*Mi casita de madera
*Murmuren víboras
*Eran tiempos del arroz
*De alas y planeadores


De frente Doña Gloria García. El amor por lo que vuela.
Por: Rosa María RÍOS ACOSTA
Villa Juárez, Sinaloa, 04 de abril de 2019. La historia de Gloria García de Gómez Alcalá, es la de una mujer que emergió del surco para dominar el aire. De niña trabajó en el campo dando tierra al tomate y al chile para su preservación; quiso ser piloto aviadora y finalmente dedicó su vida a reconstruir mediante el entelado las alas de los aeroplanos. Sin olvidar otras labores fundamentales del vuelo, también diseñó y elaboró muchas de las cartas de navegación que acompañaron el despegue del sistema de fumigación aérea en la región.

El nombre de esta mujer de 72 años, 1.50 de estatura, morena, de ojos grandes y mirada firme, va indisolublemente ligado al del capitán José de Jesús Gómez Alcalá (el capi Alcalá, ya fallecido, como se le conoció), pionero en el área y a quien Gloria se refiere con amor, como fiel compañero de su vida y de quien afirma, recibió las oportunidades para estudiar y crecer en todos los ámbitos posibles.

EL HOMBRE QUE BAJÓ DEL CIELO
Doña Gloria, como se le conoce coloquialmente en Villa Juárez, sindicatura de Navolato, situada a unos 31 kilómetros al poniente de Culiacán, expresa: “todo lo hice por Él”.
Se refiere al capitán piloto aviador Gómez Alcalá, como un ser que no frenó sus aspiraciones de superación, por el contrario, la impulsó a estudiar incorporándola de lleno a las duras tareas del manejo y la conducción de avionetas y pistas de aterrizaje situadas en el valle e Culiacán.
Enamorada desde los 13 años de ese hombre que literalmente descendía del cielo para llegar a la tierra cargado de dulces que repartía a los niños, expone que se incorporó a la vida de Alcalá y sus actividades de aviación cuando apenas tenía 15 años.
Primero, como empleada del comedor donde se servían alimentos a los pilotos y personal del campo; años más tarde, a los 18 se convirtió en su mujer por más de 35 años; posteriormente fue su esposa en 2001, hasta la partida final del capitán, en abril de 2015.
Nació en el ejido Puerto Rico, Navolato, Sinaloa, en 1947 y con apenas un año de edad, su familia la llevó al campo Batauto, en pleno corazón agrícola del valle.

LOS AÑOS EN EL SURCO
A los ocho años de edad, trabajaba en el surco por la mañana e iba  a la escuela por la tarde; en ese ir y venir terminó la educación primaria.
No obstante algunas arrugas que surcan sus mejillas, Gloria revela que no le gusta el maquillaje: “Nomás cuando me invitan a unos 15 años, a un matrimonio, a una fiesta”.
-“Decía mi hermoso marido que en paz descanse que ni falta me hacía…, para Él yo era primero su Chatita, luego fui su Gordita y finalmente me decía mi Guagüita”.
Orgullosa de su origen de mujer trabajadora, va directo al grano, responde cada pregunta y poco a poco va desgranando una historia que es un ejemplo de tesón, trabajo y superación en muchos aspectos.
¿Qué le tocaba a Usted hacer en el campo?
-“A mí me tocaba desbrotar las plantas, darle tierra al tomate, al chile y hacer la tumba de las plantas averiadas para evitar el desperdicio”.
-“Al tomate había que tumbarlo con el pie y echarle tierra con una pala, así, la planta que caía no se secaba y se mantenía hasta dar el fruto”, explica.
En esos tiempos de pleno auge agrícola, “a la escuela casi no iba uno”, sostiene Gloria al expresar que apenas concluyó la enseñanza primaria y la secundaria la realizó siendo adulta.
-“A los 15 años me vine para acá, trabajé en el empaque, en el campo y en la primera tortillería que hubo en Villa Juárez, con Don Ramón Villarreal, era de gasolina, no había entonces de electricidad y la prendíamos con motobomba, yo fui la primera que trabajó ahí”.


Gloria García, entelar las alas.
 
 
LA CASITA DE MADERA
Después, laboró en el campo y en el empaque. “De 15 años, 1 mes y 19 días, me vine a Villa Juárez con mi tesoro”, reitera.
Recuerda que junto con su familia “llegamos a Villa Juárez con una tina llena de loza, y una señora que se llama Ramona Gámez, nos hizo favor de prestarnos un pedazo del solar y ahí hicimos una casita de madera”.
-“Vivíamos en esa casa y un día me vio mi tesoro lavando en el canal, me preguntó qué hacía ahí, y le dije que andaba trabajando en el campo. Le platiqué que antes vivíamos en Batauto y ahí habíamos tenido un abarrote y un negocio de comida, pero que un aire quemó todo el campo de Chuy Beltrán y se acabó todo”.
Don Chuy Beltrán se fue a operar a Houston y no lo volvieron a ver, “entonces mi papá, tratando de arreglar las cosas, le dijo a un hijo de Don Chuy: ‘si crees que con lo que hay aquí (teníamos unos borregos y chivos en el solar de la casa), se te paga, yo me voy…, y así nos salimos de Batauto”, menciona.
MURMUREN VÍVORAS
En ese contexto, el Capi Alcalá, le ofreció trabajo: “habló con mi papá y con mi mamá para que fuéramos a ayudarle en el comedor a atender a los empleados, a darles de comer, pero mis padres se negaron: “dicen que ese señor es muy mujeriego”, rechazaron.
Recuerda que en defensa, ella argumentó: “así como andaba yo trabajando en el campo, en el empaque, en la tortillería, ahí sería lo mismo, ir a trabajar… que la gente hable y diga lo que quiera… la gente habla de todos sin saber…”.
Finalmente, ella decidió irse a trabajar a La Luna en contra de la opinión de sus padres.
Precisó que al margen de lo que puedan decir las lenguas viperinas, “el capitán me respetó todo el tiempo. Fui su mujer hasta los 19 años; por 35 años, como compañera nada más, después se casó conmigo por el civil y por la iglesia, duré 14-15 años casada, siendo su esposa”.
ERAN TIEMPOS DEL ARROZ
En su relato, cuenta que ambos coincidían en las labores del campo, “eran tiempos del arroz”. A ella le tocaba llevar el equipo hasta Quilá, donde el capitán tenía una pista que se llamaba la Luna 2; también a Eldorado, al Vergel, a La Palma, y conjugaba esas labores con el estudio, primero, de corte y confección, luego cultura de belleza, primeros auxilios y psicología.
Doña Gloria, afirma que conocer al capitán Alcalá, verlo descender de la primera aeronave y enamorarse fue un todo.
“Cuando conocí a mi tesoro me parecía que andaba en la guerra”, hoy reconoce esos pensamientos como una tontería pero no así sus anhelos de volar, algo que no consiguió, pues el metro y 50 centímetros de estatura de su cuerpo, fue un impedimeno.

Fumigando.
 
DE ALAS Y PLANEADORES
-“Me soñaba en un avión que yo piloteaba. Miraba al cielo las avionetas que pasaban fumigando y cada vez más deseaba ser la piloto, yo quería manejar un avión…”.
Finalmente en 1971, hizo el intento de volar, aunque fracasó.
Recuerda que el capitán Gómez Alcalá, había sido instructor de manejo en la Fuerza Aérea Militar y se propuso enseñarla.
“Para enseñarme, poníamos cojines sobre el asiento de la avioneta, muchos,  pero como estaba fijo el asiento, no me daba la altura. Al meter los pedales me iba para abajo y me resbalaba. Me di cuenta que no se podía porque era muy bajita”.
“Entonces me dio por ponerme a estudiar “Alas y planeadores, o sea el entelado de las alas. Tenía entre 22 y 23 años”, recuerda. (Continuará).
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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