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Don Gustavo D. Cañedo
La Voz de Sinaloa
La palabra es mitad de quien la pronuncia,
mitad de quien la escucha.
Montaigne
Por: Jorge Guillermo CANO
En este mes de marzo no habrá celebración por el 75 aniversario de la fundación del periódico vespertino “La Voz de Sinaloa”, que dirigiera desde el principio y hasta el final (1977) Don Gustavo D. Cañedo y cuyo ejemplar número uno fue fechado el 13 de marzo de 1944.

Nuestro gran amigo, ya fallecido, Herberto Sinagawa Montoya, consigna en su libro “Sinaloa: historia y destino” que antes, en 1876 y hacia 1914, hubo otros periódicos con el mismo cabezal.

“La Voz de Sinaloa” (la de Don Gustavo) dejaría de circular en septiembre de 1977, por carecer su director y propietario de los recursos económicos necesarios para que sobreviviera el órgano informativo más importante de Sinaloa en su historia reciente, reconocida cantera de periodistas, algunos todavía en activo, y punto de referencia obligado en cualquier recuento serio que se haga al respecto.

Paradójicamente, al morir Don Gustavo (el 5 de mayo de 1979) se recibieron ofrendas florales y se publicaron esquelas cuyo costo rebasaba con mucho la cantidad que se requería para que “La Voz” no desapareciera.

La tarde de ese día estuve con Don Gustavo en su lecho de muerte. Estuvimos platicando como si el tiempo se detuviera y, al final, dirigió una sonrisa al último de sus pupilos y su mano se deslizó suavemente.

En el velorio estuve unos instantes y al sepelio no fui, evitando la ronda hipócrita de políticos y mercachifles.

EL DURO APRENDIZAJE
Todavía en los primeros años de los 70 (cuando la gran mayoría de los medios disponían de técnicas modernas) para entrar a la primera plana de “La Voz” se tenía que haber transitado por el linotipo, el intertipo, la mesa de formación, la de corrección, la ayudantía en la prensa plana; saber sacar pruebas, cabecear y, en suma, conocer todo el proceso desde la llegada de las notas hasta la impresión.

El aprendiz de reportero debía leer todos los periódicos locales antes de iniciar la jornada, cuando menos uno de los editados en el Distrito Federal (hoy CDMX) y las dos principales revistas de circulación nacional cada semana.

El objetivo de ese ejercicio era que el reportero distinguiera los asuntos propios de su fuente local, llevara un seguimiento de los principales acontecimientos relacionados y pudiera proponer alguna vertiente noticiosa.

Por lo general, el reportero novel (como lo fue este escribiente) se iniciaba en la “nota roja”, que se procesaba con base en los partes policiacos, una especie de boletines infumables, plagados de errores, cuya publicación con frecuencia ocasionaba conflictos con los mencionados que no pocas veces se inconformaban. Las aclaraciones siempre se hacían, pero, debido al estilo personal de Don Gustavo, la mayoría prefería que las cosas quedaran de ese tamaño.

Después, el reportero incursionaba en las páginas interiores y si su trabajo llenaba los requisitos, de acuerdo a los parámetros de Don Gustavo, arribaba por fin a la ansiada primera plana. Los titulares, con grandes tipos en la portada, eran luego la meta cotidiana, competencia de por medio.

La máxima categoría se alcanzaba cuando al reportero se le permitía contar con un espacio de comentarios políticos, análisis críticos y reflexiones propias, es decir, ser columnista sin descargo de su trabajo informativo.


El viejo linotipo

LA FORMACIÓN ÉTICA EN “LA VOZ”
Para Don Gustavo, la formación ética, la insistencia en la gran responsabilidad del comunicador, sus alcances y sus riesgos; la divisa de la honestidad y la rectitud; la consecuencia: decir lo que se piensa y hacer lo que se dice, era fundamental y así trataba de transmitirlo en su particular visión.

No abusar del privilegio que da el manejo de la información escrita, evitar el sensacionalismo por sí, despreciar el amarillismo y mejor conceder a la prudencia, a la mesura, porque, decía Don Gustavo, “una mentada de madre se lee y circula hasta en un boleto de camión urbano”. Eso es lo más fácil, agregaba.

UN POCO DE HISTORIA
Don Gustavo D. Cañedo se inició en el periódico “El Regional”, de Luis G. Rico, donde era jefe de información Fernando Híjar. Ahí su trabajo consistía (según relató él mismo para la revista “Apunte”, abril de 1978) en recabar noticias que se transmitían por radio: de la defeña XEW, de Berlín, de Moscú, San Francisco, Washington, etc., “y a base de puras contracciones sacaba las informaciones de primer orden relacionadas con la guerra o con otras cosas de interés nacional e internacional”.

Don Gustavo también trabajó en el periódico “La Opinión”, que dirigía Amado Zazueta Zazueta, donde se empapó de las técnicas usadas en Sinaloa. Entonces ya había en el país prensas modernas y en Culiacán la primera fue de la Cadena García Valseca (que años después devendría en lo que hoy es la Organización Editorial Mexicana).

A su paso por “El Regional” y “La Opinión”, Don Gustavo se formó una perspectiva del quehacer periodístico que fue desarrollando a través del contacto con la generación anterior, examinando lo que se hacía, las prácticas operantes y los requerimientos que él mismo se planteaba.

HABLAR DE FRENTE Y CON FRANQUEZA
Me decía Don Gustavo: “consideré que era necesario ir haciendo una publicación que hablara con franqueza al pueblo, que le informara con un sencillo lenguaje la situación en el orden político, en el orden social, en el orden económico, etc., para que así el pueblo fuera teniendo una orientación y se formara una idea sobre todo esto, siempre en base a la honestidad en el manejo de la información”.

Esto es, el informador tiene una obligación central para con el público lector (con el pueblo, en el sentido abarcador que le daba Don Gustavo): hablarle con franqueza, con honestidad y ayudarle a formarse una idea clara de sus problemas, comprendiendo el entorno, sin confundir y sin ocultar la realidad.

Sin mayores referentes de las discusiones teóricas que ya estaban presentes sobre el quehacer del periodista, Don Gustavo poseía una clara visión de las contradicciones entre el periodismo como negocio y su función social.

Mantuvo la idea de contar con un órgano periodístico propio, donde se pudieran poner en práctica sus ideas en torno al quehacer informativo, y el 13 de marzo de 1944 surgió “La Voz de Sinaloa” que tuvo su primera ubicación a un costado de la Catedral de Culiacán, en la “plazuela del centenario” (entre Catedral y la calle Hidalgo).



AQUELLOS PERIODISTAS COMPLETOS
En sus inicios, el director de La Voz “tenía que hacerla de reportero, de administrador, de mecanógrafo, de cargador y se le veía llevando bultos de periódicos en el hombro hasta la oficina de correos, teniendo que rotularlos la noche anterior”, relataba Don Gustavo.

Después llegarían a su redacción, perdonando las omisiones y el orden cronológico: Fernando “Chito” Ramos, Manuel “Tatá” Jiménez, Reynaldo González, Anatolio Ortega, Francisco Gil Leyva, Manuel Ferreiro, Carlos Manuel Aguirre, Roberto Hernández, Rafael y Nicolás Vidales Tamayo, Cipriano Obeso, Heriberto H. Mexía y Manuel Campos Caravantes.

También, Carlos Mateo Sánchez; Lucano, Armando, Raúl y Rafael Franco Zazueta; Enrique Ruiz Alba, Alfonso L. Paliza, Jorge Medina León, Antonio Nakayama, Antonio Pineda Gutiérrez, Alejandro Hernández Tyler, Enrique “El Guacho” Félix, Sergio Emus Ortiz, José López Hernández, Jesús Acosta Barrera, Héctor Torres Beltrán y quien esto escribe.

La dinámica que prevalecía en La Voz, en su primera etapa, es explicada por Don Gustavo: “normalmente se tenía que ir a reportear, volver al periódico a hacer la nota, dejar el original corregido para pasárselo a las cajistas y, mientras ellos terminaban, seguir yendo a otras fuentes de información para ir conformando el periódico hasta que por fin se llevara la última noticia”.

Todavía en los setentas, la situación no era muy distinta (excepción hecha de que ya no había cajistas, sino linotipo e intertipo) hasta la salida del vespertino, a eso de las cinco o seis de la tarde. Al final, en el 77, La Voz llegó a salir más tarde, entrada la noche, hasta que no pudo sostenerse y un día ya no salió.

LA DIFÍCIL INDEPENDENCIA
Sobre la condición del reportero y las dificultades de mantener la independencia en los inicios de La Voz (no muy diferente a lo que vivimos en su última etapa) es preferible dejar la palabra a Don Gustavo:
“En ese tiempo, olvídense que los reporteros anduvieran en carros, ya fueran de la policía, facilitados por el gobierno o por alguna institución. Sino que tenían que hacer de su propio sueldo, que era raquítico, el pago de alguna araña o a patita tenían que ir a todas las fuentes de información”.

“El medio, agregaba, como siempre para una publicación que aspira a ser libre, era hostil, se hacían amenazas, aprovechaban cualquier oportunidad para quitar anuncios o para cometer insultos, etc., no obstante, de que procuramos siempre nosotros llevar una línea blanca en lo que se refiere al trato al público y al trato a la sociedad. Pero así son las circunstancias y los medios, los intereses creados, el sistema” (Revista “Apunte”, abril de 1978).

LA DEFENSA DEL DÉBIL, LA VERDAD
Cuando conversaba con Don Gustavo D. Cañedo, que fueran muchas veces, volvíamos a temas recurrentes que planteaban cuestiones cuyas respuestas intuíamos. No era La Voz una ínsula Barataria, espacio de la asepsia, sino un esfuerzo consciente de sus limitaciones. El propio Don Gustavo así se reconocía, pero era, sin duda, un periodista de la vieja guardia que actuaba conforme a sus ideas; en el aspecto humano era un hombre de bien, idealista y romántico.

Poco antes de morir, Don Gustavo ratificó a quien esto escribe, el último de sus discípulos, lo que ya había plasmado en la revista “Apunte” que aquí he citado:
“tratar de intuir en el medio lo que nosotros entendíamos como un cambio de situaciones, la defensa al débil, la defensa de un régimen de derecho, atacar a los monopolios, atacar el usufructo indebido de grandes utilidades en menoscabo del pueblo que siempre se ha estado muriendo de hambre, son las funciones que, entiendo, competen al ejercicio de la prensa independiente”.


PILAR FUNDADOR DE LA APS
Don Gustavo advirtió lo que se veía venir: si el periodismo es visto, únicamente, en su aspecto empresarial-mercantil, en la lógica de la ganancia, su esencia se difumina, se convierte en un instrumento de conformación en la óptica del poder instalado, en lugar de contribuir a la formación de un criterio libre e independiente.
Fue también Don Gustavo el pilar fundador de la Asociación de Periodistas de Sinaloa (APS) y en ello tuvo que ver la idea que sustentaba respecto al gremio como tal. La APS sería un lugar de encuentro, de compartición y discusión de los problemas que afrontan el quehacer periodístico y sus actores, en un marco de fraternidad, pero también de verdad y de justicia.
Así lo veía él.
LA HERENCIA QUE NO DEJA DE LLAMAR
Al desaparecer “La Voz”, con el ímpetu juvenil (el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos, bien dice Pablo Milanés, pero la sangre no se puede negar) me di a la tarea de crear la revista “Apunte” que sólo apareció en dos ocasiones (marzo y abril de 1978) y el por qué dejó de salir no requiere abundamiento. En ella escribió Don Gustavo y también concedió la única entrevista de su vida.

He hurgado en los cajones y encontrado esas pequeñas cosas que, como en el canto de Serrat, nos hacen llorar cuando nadie nos ve; recortes desvaídos de viejas columnas, notas de los pininos hace casi 50 años y mis primeros intentos por entender y plasmar lo entendible, que a veces es más poco de lo que uno quisiera.

El 13 de marzo, concluyamos pues, no habrá festejo como antaño. “La Voz” ya no existe, es cierto, pero nos quedamos con el canto, Don Gustavo. Aquí seguiremos, hasta el final (que a veces lo veo más cerca de lo que parece).
 
 
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